Piedras

Diario de Henry David Thoreau: 30 de Agosto de 1856

¿Cómo es que adoramos las piedras que caen de otro planeta y no las que pertenecen a éste, -otro globo, no éste, -cielo y no tierra? ¿No son las piedras en el muro Hodge tan buenas como el aerolito de la Meca? ¿No es la piedra de nuestra puerta trasera tan buena como cualquier piedra angular en el cielo?

Supondría la regeneración de la humanidad el que se elevara lo suficiente para verdaderamente adorar las cosas y piedras. Es el sentimiento de miedo, la esclavitud y el hábito lo que hacen hereje una idolatria. Tales idólatras abundan en todos los países, y la herejía cruza los mares para reformar herejes, la muerte para enterrar a los muertos, y todos van juntos al agujero. Si pudiera, yo adoraría los cortes de mis uñas. Si quien hace crecer dos paladas de hierba donde solo una crecía antes es un benefactor, el que descubre dos dioses donde solo se conoció uno ( ¡y qué uno!) antes, es todavía un benefactor más grande. No perdería ninguna oportunidad para el asombro y reverencia, de la misma manera que una flor da la bienevenida a la luz. Cuantos más objetos excitantes, asombrosos y divinos contemplo en un día, más inmortal y amplio llego a ser. Si una piedra me seduce y eleva, me dice cuantas millas he recorrido, y cuántas restan de viaje, – y cuantas más, mejor- me revela el futuro en alguna medida, y es un asunto de regocijo privado. Si presto el mismo servicio a todos, también podría ser materia de pública celebración y regocijo.

 

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